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Introducción
¿Cuál es nuestra identidad?
Somos una raza conocida como humana, u Homo sapiens, y habitamos un planeta llamado Tierra, el tercer planeta orbitando una estrella amarilla que se encuentra en una gran galaxia espiral conocida como la Vía Láctea. Nuestra estrella, el Sol, es insignificante cuando tratamos de encontrarla en nuestra galaxia; además, nuestra galaxia no es más que una pálida mota en el reino del universo.
En contraste con nuestro antiguo conocimiento, que suponía que nuestro planeta era el centro del universo, ahora nos encontramos en medio de la nada. ¡Y con todo lo demás tan lejos!
Cuando miramos la inmensidad del universo en un cielo nocturno y despejado, una realidad que solo nuestra imaginación puede visualizar con la ayuda del conocimiento moderno del cosmos, surgen muchas preguntas que desafían nuestro intelecto; es como si esas cuestiones estuvieran escritas en el cielo y nos obligaran a leerlas.
¿Qué hay dentro de nuestras mentes que debemos mirar y buscar más allá de nuestra rutina diaria para alcanzar un nivel de conciencia que está muy por encima de nuestra vida materialista? Nuestros antepasados miraban los mismos cielos, con un conocimiento limitado en comparación con el nuestro, mientras concebían las mismas preguntas. Incluso con pocos datos en sus manos, también se hacían las mismas preguntas; sin embargo, pasaban mucho más tiempo mirando las estrellas comparado con lo que nosotros hacemos ahora. En esta forma, comenzaron a acumular conocimientos que nos llevaron a la cima en la que nos encontramos actualmente.
¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿Cuál es nuestro destino final?
¿Estamos solos en el universo?
¿Hay un Dios?
Desde el comienzo de nuestra existencia, nos hemos hecho innumerables preguntas; algunas han tenido respuestas y otras todavía desafían nuestras creencias e inteligencia. ¿Tendremos todas las respuestas en el futuro? No es probable, muchas réplicas plantean nuevas preguntas, y así continuamos nuestra evolución intelectual.
¿Quiénes somos? Una pregunta interesante: algunos creen que evolucionamos de los simios, como demostró la teoría de la evolución cuando Charles Darwin la presentó por primera vez en 1858. Esta teoría sentó las bases para nuestra comprensión moderna de los procesos de selección natural y los cambios genéticos que explicaron los registros fósiles. También reveló un posible camino evolutivo desde las primeras bacterias hasta los mamíferos que evolucionaron mucho después, ya que no tuvieron la oportunidad de caminar en el planeta hasta que un asteroide acabó con los dinosaurios. Finalmente, el paso más crucial para nosotros.
¿Cómo fue la transición de primate a humanoide?
En la actualidad, los paleontólogos han compilado una rama intrincada desde el Homo sapiens hasta el posible ancestro más antiguo de nuestra raza: el Sahelanthropus tchadensis.[1] Este predecesor, que se asemeja mucho más a un chimpancé que a un humano, vivió hace unos siete millones de años. Mucho tiempo después, entre tres y cuatro millones de años, apareció nuestro ancestro mucho más conocido, llamado Australopithecus afarensis, cuyo mejor representante es ‘Lucy’, una homínida hembra encontrada en 1974 en el este de Etiopía. Hace 500,000 años, solo quedaban dos ramas de las ramificaciones de ‘Lucy’: el Homo heidelbergensis y el Homo erectus. Este último desapareció en tiempos recientes, hace menos de 50,000 años, mientras que el primero se dividió en dos ramas: Homo neanderthalensis y Homo sapiens.
Luego, alrededor del año 150,000 a.C., nuestra Eva mitocondrial fue rastreada hasta África oriental, pero no fue hasta el año 60,000 a.C. cuando se registró la primera aparición del Adán y su cromosoma Y. Esta fecha es probablemente una buena aproximación a los primeros humanos modernos conocidos como Adán y Eva cuando aparecieron en nuestro planeta. Incluso los primeros descendientes de esta pareja original convivieron con los neandertales, que desaparecieron por razones aún poco conocidas alrededor del año 25,000 a.C. Además, en 2004 se descubrió en Indonesia una nueva rama de la familia Homo, llamada Homo floresiensis, pequeños homínidos del tamaño de un pigmeo que sobrevivieron hasta el año 12,000 a.C. Todavía se debate si esta nueva rama procede de Homo erectus.
Surge una pregunta. ¿Cuál era la diferencia entre Adán y Eva y los demás Homo sapiens que vivían en esa misma época?
Para responder a esta pregunta se requiere fe, una creencia religiosa de que existe un Dios y que Él creó el universo y a nosotros como parte de este. La búsqueda de un Dios parece ser parte de nuestra naturaleza porque la humanidad ha perseguido incansablemente este esfuerzo desde el comienzo de nuestra existencia. Para los creyentes, que incluyen a una gran mayoría de los seres humanos vivos, la respuesta es intrínsecamente clara: simplemente miren al universo y a nosotros, su inmensidad, su complejidad y todos los requisitos para que existamos.
Las condiciones para sobrevivir en el planeta Tierra son abrumadoras. Todo comenzó desde el Big Bang hasta nuestros días, todo totalmente afinado para permitir que existan las leyes fundamentales de la física y que podamos coexistir con ellas. Aun así, nuestra supervivencia depende de que incontables eventos desastrosos no tengan lugar o de preservar el statu quo actual, si tal cosa es posible. Solo un meteorito, un supervolcán, una erupción solar masiva y una explosión gamma de una estrella cercana son cuatro de los muchos escenarios apocalípticos; sin embargo, ni hablemos de las catástrofes causadas por nuestras acciones, como la guerra nuclear, la peste, el hambre, la adicción al teléfono o la toma de control por parte de la IA (Inteligencia Artificial).
Para los fieles, creer en la existencia de Dios es fácil; sin embargo, no es tan fácil demostrar su realidad, ya que Él es inmaterial o una entidad puramente espiritual.
Los escépticos y los no creyentes confían en la ciencia para explicar su existencia, como la teoría de la evolución. Para ellos, no hay diferencia entre Adán y Eva y cualquiera de los homínidos; fue un proceso continuo que llevó a los homínidos a evolucionar hasta convertirse en Homo sapiens moderno.
Como soy creyente, confío en mi fe en una compilación de escritos que constituye la esencia de mi religión: La Biblia.
En la Biblia, el libro de Génesis nos habla de la creación de Adán y Eva, un hombre y una mujer.[2] La Biblia también menciona que el hombre fue creado a la imagen de Dios.[3]
Desde mi punto de vista, solo hay una característica que separa a Adán y Eva de todos los demás homínidos con los que convivieron en esa época: Dios le dio a la pareja un regalo divino… Tenían almas. Sin ellas, el Homo sapiens es como los demás animales: bestias inteligentes y astutas que existen para satisfacer sus instintos primarios de supervivencia. El alma es esa esencia que nos impulsa a hacer preguntas y reconocer quiénes somos.
Una vez que tenemos conciencia de nuestra existencia, dos palabras lo expresan poderosamente: “Yo soy.”
La naturaleza del alma es retornar a su Creador; sin embargo, al cometer Adán y Eva un acto de desobediencia, ‘el pecado original’, se cerró un camino invaluable.[4]
La razón principal por la que Jesús vino a la Tierra fue para reabrir esta avenida única.
Solo nuestras tendencias materialistas pueden impedir que nuestras almas, que son espíritus, regresen a su origen divino. Desde el pecado original, para los seres humanos, tal retorno divino es una opción.
Ligado al pecado original, aparece una nueva criatura que no es humana… el ángel. Hay dos clases de ángeles: los que sirven a Dios y los que están en contra de Él; estos últimos son ángeles caídos o demonios, y están decididos a impedir que tengamos éxito en nuestro esfuerzo por salvar nuestras almas; Satanás es su líder.
Después de la expulsión del paraíso, por su obediencia, Adán y Eva se reprodujeron y proyectaron a la humanidad en un crecimiento vigoroso. Después de cuatro mil años, ya había numerosos pueblos e incluso grandes ciudades en las tierras antiguas. Cuando Dios vio que el mal se había apoderado de la humanidad y solo un puñado permanecía leal a Él, decidió poner fin a la maldad de los hombres mediante un castigo llamado el Gran Diluvio.[5]
Noé, su esposa, sus tres hijos y sus cónyuges fueron los únicos humanos que sobrevivieron a bordo de un arca: un gran barco lleno de un par de especies de cada animal existente. (Existe la posibilidad de que la familia de Noé tuviera muchos hijos con ellos.)
La Biblia afirma que todos los seres vivos de la Tierra murieron en el diluvio. Existe el debate sobre si el Gran Diluvio pudo haber sido local y no haber afectado a todo el planeta. Pero para una población primitiva y localizada de la humanidad, independientemente de que cualquiera de las dos formas sea cierta, para ellos… fue global. Otra posibilidad es que un meteorito le pegó al océano, provocando gigantescos tsunamis en todo el mundo y evaporando suficiente agua como para desencadenar lluvias torrenciales. Además, podemos encontrar personas que creen que el hidroplaneo de las placas tectónicas causó el Gran Diluvio o el Diluvio.[6]
El papel principal del Gran Diluvio fue erradicar a la humanidad pecadora; sin embargo, también causó la extinción de innumerables animales y plantas. Además, borró todos los rastros de los homínidos supervivientes y de cualquier interacción que tuvieron con los descendientes y portadores de almas como Adán y Eva.
El Antiguo Testamento en la Biblia es similar a las versiones religiosas judaicas e islámicas; sin embargo, es lamentable que no existan documentos escritos de este primer bloque de la historia de la humanidad. Por lo tanto, la información que se conoce hoy en día se transmitió de una generación a otra de boca en boca. Esto provocó exageraciones, malas interpretaciones, omisiones y distorsiones.
Hay miles de años de los que sabemos tan poco y en los que tenemos más preguntas que respuestas. Sigo creyendo que, incluso cuando la información de la Biblia (Génesis) es fragmentada, y en algunos casos, no se toma literalmente, abre una ventana a un pasado lejano y ofrece una visión invaluable del origen de la humanidad.
El segundo surgimiento de la humanidad comenzó cuando Noé y su familia pisaron tierra firme. Cabe señalar que los humanos supervivientes eran hábiles artesanos después de construir un barco tan grande como el Arca y el grupo probablemente vivió en una ciudad antes del Gran Diluvio; de estos lugares, aprendieron el conocimiento y las técnicas necesarias para erigir edificios y otras estructuras relacionadas con la ciudad. Además, conocían actividades humanas como la agricultura y el pastoreo de animales.
Este período se sitúa alrededor del año 12,000 a.C., al final de la última glaciación mesolítica, cuando hay evidencia de que los humanos comenzaron a dominar su entorno. La humanidad, creciendo geométricamente, se expandió de diez mil en solo cien años, a millones en doscientos o trescientos años. En los primeros mil años, las ciudades se multiplicaron y crecieron mientras los humanos se extendían por todo el mundo.
¿Podría considerarse este periodo como el origen de las religiones del mundo?
¿Quién es este Ser Supremo que nos sentimos obligados a reconocer como el creador del universo y adorarlo por encima de todo?
En las religiones monoteístas como el judaísmo, el cristianismo y el islam, Dios es la entidad única y central que define sus creencias. Sin embargo, estas religiones no están solas; incluso encontramos tribus nativas americanas que creen en el ‘Gran Espíritu’[7], es igual a nuestra comprensión de un Ser Supremo. Además, las religiones antiguas, como el zoroastrismo del antiguo Imperio persa, que tenía muchas deidades, reconocían la existencia de un Señor Supremo por encima de todos los demás.
De alguna manera, el mal surgió en las civilizaciones emergentes, y al distorsionar primero sus creencias originales y luego oponerse diametralmente a ellas, provocó que los grandes imperios que evolucionaron miles de años después se convirtieran en idólatras, paganos, y como es la definición de mal en el diccionario: moralmente malos o incorrectos, malvados.[8] Algunas personas y ciudades evitaron el dominio del Mal, pero no fue hasta la llegada de Jesús, cuando el gran Imperio Romano dominaba el entonces llamado mundo civilizado, cuando pudimos ver un cambio significativo en las creencias morales extendidas a una población mundial.
¿Cómo nos afecta el conocimiento moderno de un Ser Supremo?
Dios es una parte muy importante para la mitad de los habitantes del planeta. Lamentablemente, hemos peleado entre nosotros debido a las diferencias en nuestras creencias como judíos, musulmanes, católicos y protestantes. ¡Nuestra historia revela que hemos hecho cosas tan terribles en el pasado y con tanta saña que resulta difícil creer que adoramos al mismo Dios!
¿Estamos solos en el universo?
Hemos estado tratando incansablemente de responder a esta pregunta en la actualidad sin éxito. El cosmos es tan vasto que es casi imposible detectar vida más allá de nuestro sistema solar. No obstante, ¿podemos creer honestamente que nuestro planeta es único y que no hay nadie más, dado que nuestra existencia depende de tantas condiciones?
Muchos de nosotros creemos que hay ángeles y demonios, y que tales entidades no son humanas. Creo que estos seres vivieron en un pasado lejano en otro planeta o planetas, y que los buenos se convirtieron en ángeles y los malos en demonios. Hay un libro llamado ‘El Libro de Enoc’[9] que elabora sobre la vida de un individuo que vivió generaciones después de Adán y Eva. Enoc estaba tan cerca de Dios que subió al cielo sin morir.[10] En el libro que la Iglesia Católica no acepta por conflictos con sus enseñanzas. Enoc menciona que Dios le reveló los secretos del universo. Él visitó otros lugares similares a la Tierra y se encontró con ángeles, e incluso con ángeles caídos. Por lo tanto, si queda algo de verdad en su libro, es que hay otros planetas que albergan vida. Además, la descripción bíblica de cómo los humanos han visto a estas entidades que llamamos ángeles es intrínsecamente única.
Los coros que clasifican a los ángeles señalan que pertenecen a especies distintas, incluso a planetas diferentes: el universo es demasiado inmenso para que lo reclamemos como propio. Estoy seguro de que otras especies han mirado hacia el cielo, y al principio pensaron como nosotros… que estamos solos. Luego, al igual que nosotros, finalmente se dieron cuenta del escaso realismo de su pensamiento. Por muy diferentes que hayan sido de nosotros, estas civilizaciones alienígenas tuvieron un terreno común con los humanos, porque también lo hicieron o tendrán que elegir entre el bien y el mal.
¿Cuál es el futuro de la humanidad?
Nuestra civilización no durará para siempre. En el pasado, la gente creía que ese final era inminente y se preparó para algo que no se materializó. Incluso los apóstoles creían que la segunda venida de Jesús, el Final del Tiempo, tendría lugar en sus vidas. Solo cuando se dieron cuenta de que tal cosa no iba a ocurrir, decidieron escribir los evangelios.
Juan, el apóstol, fue desterrado a la isla de Patmos por su fe cristiana; en este lugar redactó el libro de Apocalipsis.
El Apocalipsis, último libro de la Biblia, presenta descripciones simbólicas que no deben tomarse literalmente. Aunque se cree que su autor es Juan el Apóstol, ello está debatido. Las visiones del libro no son cronológicas y se centran en el conflicto final entre los seguidores de Cristo y las fuerzas de Satanás, según la visión de Juan. La persecución romana de los primeros cristianos influyó en sus escritos; algunos pasajes trataban de eventos futuros, lo cual coincide con nuestra visión contemporánea del fin de la humanidad. [11]
Los seres humanos dedican menos tiempo a la espiritualidad debido a los avances tecnológicos del siglo XX, que han introducido una amplia gama de dispositivos y juegos que consumen gran parte de nuestro tiempo disponible. Aunque tienen usos beneficiosos, pasamos demasiado tiempo frente a computadoras, televisores, teléfonos y videojuegos. Nuestra vida real se está convirtiendo en una vida virtual, en la que nuestra interacción entre nosotros y con otras personas disminuye a medida que los dispositivos requieren más de nuestro tiempo. Este mundo materialista nos está alejando de Dios. ¿Estamos en este mundo para pasar la mitad de nuestras vidas viendo televisión, jugando o enviando mensajes de texto? ¿Es esto una decadencia intelectual, en la que nos volvemos complacientes y al mismo tiempo insensibles a las necesidades de los demás? ¿Qué nos dicen nuestras noticias diarias? Solo se oye hablar de guerras, crímenes, desastres, terrorismo y eventos similares. Todo parece erosionar nuestros valores morales en los Estados Unidos y en todo el mundo.
¿Se vislumbra en el horizonte el Apocalipsis? ¿Crees que el fin está cerca?
La historia nos dice que los individuos o grupos que predijeron el Fin de los Tiempos se equivocaron previamente. En el libro de Apocalipsis, Juan escribió sobre los últimos días de la humanidad. En este escenario apocalíptico, cuatro jinetes traen sufrimiento, caos y muerte a la humanidad.[12]
A medida que el Anticristo se levanta, habrá dos testigos, hombres santos que predicarán contra él. Estos dos individuos tendrán protección divina contra los demonios y las personas malvadas.[13]
El Libro Sagrado menciona la caída de una gran ciudad llamada Babilonia. En la Biblia, a lo largo de la historia de los hombres, Babilonia ha sido la cuna del mal, mientras que Jerusalén ha representado el bien.[14]Finalmente, en la última guerra del bien contra el mal, Dios pone fin al deseo de Satanás de poseer a la humanidad derrotándolo; esto sucederá en un lugar llamado Armagedón. Después, habrá solo un evento en el que estarán presentes todos los vivos y los muertos: el Juicio Final.[15]
AHA es un libro de ficción que se centra en una conclusión similar. A pesar de que esto es ficción, sigue siendo una de las infinitas posibilidades de un futuro posible. Cuando los discípulos le preguntaron a Jesús… ¿Cuándo llegará el fin? Dijo que ‘solo el Padre lo sabía’. Esto significa que el futuro no está escrito en piedra, sino que es una perspectiva dinámica y en constante cambio. Dios hizo el universo y a nosotros de la misma manera que un relojero construye un buen reloj que requiere esfuerzo y planificación; cuando está terminado, el reloj funciona y mantiene la hora exacta por sí mismo, sin más intentos por parte de su creador. Del mismo modo, el universo funciona según lo diseñado por Su creador. Sin embargo, Él nos ha dado el poder de cambiar el planeta en el que vivimos y el cual tiene innumerables futuros posibles, pero eventualmente todos terminaremos en un mismo lugar.
En la narrativa de este libro, las personas más influyentes son los dos testigos de Apocalipsis, el Anticristo, que es Satanás, otro demonio disfrazado de un falso profeta, y sus contrapartes humanas y malvadas. No puedo proclamar que la guerra vaya a comenzar, porque el conflicto entre el bien y el mal, que involucra a los humanos y a los ángeles, comenzó hace muchos milenios, cuando Adán y Eva aún vivían.
Los ángeles, que previamente libraron su propia batalla para elegir entre el Bien y el Mal mucho más allá de los albores de la humanidad, se separaron drásticamente en dos grupos. Los ganadores, todavía conocidos como ángeles, están listos para ayudarnos a luchar por nuestra salvación. Los perdedores, reconocidos como demonios o ángeles caídos, no quieren nuestras posesiones; quieren algo que es inmensamente más valioso…
¡Nuestras almas!
[1] Wikipedia.org/Timeline of human evolution
The Human Pedigree by Kate Wong, Scientific American, Jan 2009.
. (Las referencias en inglés provienen de la edición de A H A, escrita en inglés.)
[2] Genesis 1: 26
The New American Bible, Copyright 1970 by the Catholic Press.
[3] Genesis 1: 27
[4] Genesis 3: 1-24
[5] Genesis 7: 1-24
[6] ‘2012’ – Una película hecha en 2009 y basada en este concepto.
[7] Esta y otras relacionadas informaciones fueron tomadas de, Religions of the
World, novena edición, de Lewis M. Hopfe y Mark R. Woodward.
[8] Webster’s New World, 4.ª edición. Derechos para Pearson/Prentice Hall
[9] Traslato por R. H. Charles. 24th impresión, por SPCK 1994
[10] Genesis 5: 18-24
[11] Información obtenida de: The New American.
Bible Books of the New Testament-The book of Revelation.
[12] Apocalipsis 6: 1-8
[13] Apocalipsis 11: 1-14
[14] Apocalipsis 17: 1-18, 18: 1-24
[15] Apocalipsis 19: 11-21, 20: 1-15

